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Archive for the ‘El jardín curioso’ Category


El jardín curioso de Peter Brown. Barcelona: Takatuka, 2009. ISBN: 978-84-92696-25-3.

Érase una vez una ciudad sin jardines,
ni árboles, ni plantas de ninguna clase.
La mayoría de sus habitantes pasaban los
días encerrados en sus casas. Como os
podéis imaginar, era un lugar muy triste.

Sin embargo, había un chico al que le encantaba estar
fuera de casa. Incluso en los días en que lloviznaba,
mientras los demás se quedaban en casa, os podíais
encontrar a Liam chapoteando alegremente por la calle
.

Un buen día, Liam descubre por los alrededores de la antigua línea de tren un macizo de flores silvestres que estaban muriéndose. Gracias a sus cuidados, se produce el milagro, y la mata empieza a crecer y a extenderse. Con el paso del tiempo, musgos, hierbas, flores y arbustos acaban adueñándose de los rincones más escondidos e inaccesibles, de suerte que toda la ciudad empieza a adquirir las tonalidades de la primavera.

Sin embargo, la lección del cuento es más personal, porque ese jardín que prolifera e invade calles y tejados también modifica el espíritu de los habitantes de la ciudad.

Así, poco a poco, una espontánea legión de jardineros se convierte en responsable de ese manto multicolor, y lo atiende como si el cuidado de las plantas fuera el arte más noble que uno puede elegir a estas alturas del siglo.

“A veces parece imposible que la naturaleza pueda prosperar en un ciudad de hormigón, ladrillos y acero. Pero cuanto más he viajado y me he fijado en el mundo que me rodea, más me he dado cuenta de que la naturaleza siempre explora con entusiasmo aquellos lugares que nosotros hemos olvidado. Podemos encontrar flores y campos, y hasta pequeños bosques, que crecen de forma natural en todas las ciudades, solo tenemos que buscarlos.

En la parte oeste de Manhattan hay una antigua línea de ferrocarril elevada, llamada High Line. Sus trenes retumbaron por encima de las calles de la ciudad durante décadas, pero en 1980 la High Line fue cerrada y olvidada.

Sin gente ni trenes en su camino, la naturaleza tuvo vía libre para redecorar el lugar a sus anchas. Con el paso de los años, la grava y las vías oxidadas dieron paso, poco a poco, a las flores silvestres y a los árboles. Y si hoy miramos las vías, veremos un exuberante jardín que dibuja curvas por encima de las calles y entre los edificios.

Desde la hierba que se abre paso en las hendiduras de las aceras hasta a un prado que zigzaguea a lo largo de unas vías abandonadas, pasando por una mata de vara de oro aferrada a una pared de ladrillos, la naturaleza puede prosperar en los lugares más insólitos.

Todo esto despertó mi curiosidad: ¿Qué ocurriría si una ciudad entera decidiese cooperar realmente con la naturaleza?, ¿cómo podría empezar todo?”. Peter Brown.

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